Nada más salir Alonso a perder el mundial de F1, me llamó una joven vikinga a tiempo parcial y `barrió´ con su ordenador, y desde la ventana de su casa, un exterior de postal de navidad : casitas de colores cubiertas de nieve, arboles forrados con un manto nevado y caminos blancos y serenos. Todo muy melancólico.
-Así desde finales de Octubre, y supongo que hasta primavera. ¿Te gusta?
-No. Me parce a mi que vivir en navidad desde Difuntos hasta Fallas, es un exceso. El mazapán me gusta en pequeñas dosis.
Lo sorprendente es que se hayan establecido asentamientos humanos -gente inteligente, supongo- en lugares tan inhóspitos, con lo grande que es el mundo. Benidorm o Torremolinos, por ejemplo. O el Levante hispano, donde me beneficio del descompensado reparto de calores y fríos.
En el fondo es una suerte que hayan echado raíces en los glaciares nordicos, de haber venido todos para acá, no cabríamos oiga, no cabríamos. Porque cuando lo catan, repiten.
Por suerte la joven vikinga a tiempo parcial es sólo interina. Volverá.
A la playa ligeramente vestidas, por puro protocolo invernal.







