martes, 27 de marzo de 2012

Un funeral, El Príncipe de los Números y la terraza del Búho Bizco

-¿A la Iglesia dices? No hace falta, vale con el pésame. Después de todo no hemos heredado.
-¿Entonces...? Tengo libre hasta las ocho
-Estupendo. Son las siete y veinticinco, en cinco minutos nos plantamos en la terraza del Búho. La hora perfecta

La media hora que separa las siete treinta de las ocho de la tarde es el momento que Dios ideó para tomar un gintonic en la terraza del Búho Bizco. Flojito, un gintonic de media tarde, nada que ver con el último pelotazo de la noche. Con clase, ¿pillas la idea? Hacia estas reflexiones en voz alta para entonar a mi amigo, un tipo normal que se había encontrado con media hora libre a cuenta de un funeral.  Es buena gente, oficinista de los de antes; aún guarda unos manguitos en su casa. Tan buena gente que por un momento me arrepentí de llevarlo al Búho Bizco. ¿Qué va a pensar de mi cuando vea que me tuteo con Lola, Jota o Goran? Y luego está  lo de la Ricchi. ¿Podrá soportar tanta emoción y continuar luego con sus `DEBE´ y` HABER´? ¡Qué coño!, me dije, un leve sobresalto no le irá mal para acelerar su ordenado corazón de contable.

Pasaban unos minutos de las siete y media cuando llegamos a la terraza del pub. Magnífico, pensé; y con el gesto desganado de quien está acostumbrado a dejar buenas propinas, le pedi a Lola un par de gintonis mientras observaba de reojo a mi amigo. ¡Buen ambiente, eh tío!, pues tienes que verlo un viernes, está que se sale. Y seguí sacando pecho: soy íntimo de Jota, el nuevo dueño. Un tío cojonudo. Si alguna vez vienes y no hay mesa en la terraza, di que me conoces y no te faltará un rinconcito; y todo muy discreto, ya me entiendes.


Las ocho, se le acaba el recreo a mi amigo. ¡Cuando quieras, Príncipe de los Números!, le dije con esa guasa que derrocha uno los días en los que, sin saber por qué, se ha venido arriba. El Principe de los Números me hizo una discreta señal con su mano derecha al tiempo que una enigmática sonrisa se  iba dibujando en  sus labios. Sólo cinco minutos, me dijo. Y se levanto pausadamente, con una magestuosidad que jamás había visto en un contable; se irguió, alisó su chaqueta de entretiempo y avanzó dos pasos. Absorto como estaba con el Príncipe de los Números, no me di cuenta hasta ese momento a quién se disponía a saludar. 

Eeeehhh...pero...., balbuceé. Pssssiii...., siseó. 

Sí, era ella, la Ricchi, Martini Hemingway en mano. La misma Margarita Ricchi a la que sólo tengo acceso en mis sueños y mis fantasias, la mujer que mejor luce una falda de tubo y zapatos con tacón de aguja...¡y le está plantando dos besos al contable!

¿Eres su amigo?, la voz suave y decidida  de Ricchi me dejó mudo; respondí agitando la cabeza arriba y abajo. Estupendo, siguió ella, siendo así ya sabes que unca te faltará un rinconcito en la terraza del Búho Bizco. 

El Príncipe de los Números se me acercó: 
-Tranquilo, machote, está todo pagado. Quédate un ratito si quieres, yo tengo que cuadrar unos números.

Desde aquel día, siempre doy el pésame en la Iglesia

10 comentarios:

  1. Se ve claramente quien es de ciencias y quien de letras jejeje. Un besote

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    1. Un tío de ciencias diría que UN besote es poco. Los de letras es lo que tenemos, que valoramos los aumentativos.

      Un besote para ti, guapísima.

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  2. Hola Javir.
    Hoy día parece que quieren que todo gire alreredor de los números hay que revelarse contra la tiranía absolutista.
    Más gintonis y menos burrocracia.
    Un abrazo

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    1. Contigo hasta la muerte, APU.

      Un abrazo

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  3. Muchos debieran tener cuidado con el gin, aunque sea el de mediatarde. Se sube a la cabeza, ya sabes, la falta de costumbre....

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    1. Lo importante es conocer los propios límites. Es por eso que soy más de gin de media tarde que de copazo nocturno.

      Saludos

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  4. Bueno, ¡qué más quisiera tener yo también un amigo contable!
    sobre todo si es especialista en el tema fiscal, en estos tiempos de ajustes y recortes en los que siempre pagamos los mismos, por legales y memos, una ayuda viene fenomenal.
    Un abrazo

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    1. Los amigos contables son imprescindibles cuando se cena en grupo se paga a escote.

      Un abrazo

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  5. :)
    Ante todo, la primera imagen que los demás nos transmiten no es la más real y auténtica, puesto que el Príncipe de los números resulta que conocía la tesorería de M. Ricchi.

    Suelo acudir a la iglesia para los entierros pero no para las bodas, espero a los novios en el bar más cercano, tarde o temprano se verán en el juzgado que turno.

    Un abrazo :))

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    1. Los bares "mas cercanos a la Iglesia", son un buen negocio. También yo espero allí las novedades. Y tienes razón con lo de las bodas y los funerales.

      un abrazo

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