Es el rito de cada 17 de marzo. Nunca he sabido si es por la afición de Thomas a la cerveza o por su frustración de no tener una madre irlandesa, la ilusión de su vida. Mi madre -me repite de nuevo- era sueca, pero no lo cuentes Jota; prefiero pensar que era irlandesa, es un capricho inocente. Yo sé que el verdadero motivo es una novia irlandesa que no consigue olvidar y que lo abandonó por un camionero albanokosovar. De ahí el poco aprecio que le tiene a Goran.
Thomas, su camarera Lola, mi secretaria Margarita Ricchi, el subinspector Bernal, Próspero y su exmujer Soledad y todo los parroquianos desocupados se afanan en adornar el Búho Bizco con motivos irlandeses. El color verde es el protagonista. Y la cerveza. Mucha cerveza que este día regala Thomas con motivo de San Patricio, fiesta nacional de Irlanda. Por experiencia de otros años, sé que no es prudente acercarse por el Búho antes del medio día, salvo que te prestes a colaborar en la decoración del local. He esperado hasta la hora del ángelus, y justo después he hecho mi aparición en un Búho Bizco verde que habla inglés y escucha canciones populares irlandesas.
-Perfecto, como todos los años, Thomas.
-Y tú, como todos los años, te has escaqueado, Jota.
-Bueno, sois gente de sobra.
-No me puedo quejar. Este año, incluso ha venido el inspector Gracia y su ayudante Bernal con un amigo suyo pegado a una cámara de fotos, APU se llama y ha retratado cada rincón del Búho. Han llegado a la hora de los churros, me han echado una mano y ahora solo queda Bernal. Por cierto, y te lo cuento bajito, ¡venían del cementerio! Asuntos oficiales. ¿Tú has espiado para el Gobierno en algún cementerio, Jota?
- Más o menos: en un Ministerio.
En el día de San Patricio, en el Búho Bizco solo se bebe cerveza rubia, negra o verde, y Lola tiene prohibido servirme ni un chupito de gintonic. Lo asumo y me dejo llevar por la música de acordeones y concertinas. Así ha discurrido el día, con cerveza, brindando con las jarras, las caras coloradas, hablando un inglés de Torremolinos y viendo las emocionadas lágrimas de Thomas. Hasta las ocho de la tarde.
En medio de un ambiente de alegría, de bailes y de risas, y mientras suena en la gramola "The man who broke the bank at Monte Carlo", irrumpen por la puerta unas figuras negras con el rostro inexpresivo, demacrado y blanquecino que cruzan el pub como un rayo en dirección a los lavabos. Nadie salvo yo, por mi costumbre de espiar lo imposible y Margarita Ricchi por ser la secretaria de una espía autónomo, se ha dado cuenta del paso de los espíritus. Sí consigue inetrrumpir la fiesta, música incluida, la aparición del inspector Gracia. Entra corriendo, y jadeante se detiene en medio del local apoyando sus manos en las rodillas en un intento por recuperar el aliento. Después de murmurar por lo bajo un "tengo que dejar el puto tabaco", levanta la cabeza, nos mira con el rostro sudoroso y con la voz entrecortada por el resuello nos pregunta:
-¿Han entrado, los habéis visto?
-¡Coño, jefe!, ¿usted nunca descansa? -fueron las ultimas palabras del subinspector Bernal antes de desplomarse fulminado por la mirada del inspector.
Con una inclinación de cabeza le indico la dirección por donde han escapado los espíritus. El comisario se incorpora y corre hacia los lavabos. Yo le sigo.
---------------------------------------------
El inspector Gracia y el subinspector Bernal, así como los espíritus góticos, son creación de José Antonio, que los guarda en su "Cofre del Chirri", de visita obligada.
APU, por su parte, no es una personaje -¿o sí?-. Se trata de nuestro fotógrafo de cámara. "¡Qué foto!", para no perdérselo.




