-Bienvenido, jefe. ¿Qué tal el viaje?
-Hola,
Margarita. Primero me informas cómo van las cosas por aquí. Lo mio es chascarrillo de barra...mira, vamos al
Búho Bizco y te cuento.
Saludé un con un abrazo a Thomas, el dueño del Búho, y con un beso a Lola, la camarera. Me gusta saludar a Thomas con un abrazo porque inmediatamente Lola me planta un beso en la mejilla. Es mi momento erótico desde que me abandonó Abril hace cinco años. Abril, bastante más joven que yo, fue mi novia de fin de semana y puentes durante un tiempo, pero esa es otra historia. Quizá otro día. Me senté con Margarita Ricchi en una mesa y le conté lo mal que está este oficio. Por suerte ella no cobra y por desgracia yo llevo dos meses sin un euro extra que meter en la cartera. Solo saco para los gastos.
-Verás, Margarita, cuando fui a la
embajada rusa a tramitar los permisos para ir a Rusia, me preguntaron mi profesión y el motivo del viaje. Les dije la verdad: soy espía y voy por asuntos de trabajo. Anotaron la información en un impreso -original y cinco copias, a maquina- y seguidamente me preguntaron si conozco a
Goran Langeneke. Cuando les contesté que somos amigos, uno de los siete funcionarios que me interrogaban desapareció por una puerta lateral, dos horas después apareció el funcionario acompañado de un tipo cargado de medallas y gorra de plato;
el jefe, sin duda. Se sentó al otro lado de la mesa y mirándome fijamente a los ojos, me pregunto: ¿es verdad que Goran Langeneke está en la
Costa del Sol española? -como si hubiera otra-, si me responde a esta pregunta le puedo
facilitar su trabajo. Por las cartas de Goran sabia que estaba en
Sevilla, por lo que respondí con aplomo y sin pestañaear:
¡no! El tipo cargado de medallas se dio por satisfecho y ordenó que me entregaran unas guías con el membrete de "asuntos de
interés para espiar". Anote usted, me dijeron, lo que le interesa espiar y tramitaremos su petición por conducto oficial; en tres meses tendrá la información. Llamé al
ministerio español que me encargó el trabajo, les dije lo que había y me contestaron que vale, que no tenían prisa, que les dijera a los rusos que por favor mandaran la información directamente al Ministerio
de la Guerra. Mis honorarios, claro, tampoco han sido los mismos: me han
rebajado el ochenta por cien de la tarifa
-¿Y por qué has tardado tanto, Jota?
-El veinte por cien que cobré me lo he gastado viajando por los
países nórdicos. Ya tenia la idea de visitar tierras de frío. Bueno, cuéntame qué hay de nuevo por aquí.
-Pues la verdad es que estamos algo inquietos. Ayer vino al Búho el subinspector
Bernal y nos contó una
historia del inspector
Gracia, de una
choferesa gallega y de un autobús rodeado de maleantes.
- .....
-Es todo lo que sabemos, jefe
-Algo más sabréis, un dato, una pista. ¡Algo!
-Bueno, algo hay. Se trata de una
tarta de Santiago. Parece que es la clave de la historia.
-Lola, pon un par de
gintonic que necesitamos pensar.
-Jota, si no te importa yo prefiero un
Martini Hemingway
-¡Sea!
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