-Cuidado, Goran, eso engancha
-Se trata de un folletín que dice Búho clausurar. He buscado y clausurar es cerrar.
-Ni caso. Conozco al tipo que lo ha escrito, gente regular. Ni caso
-Entonces, pon. Pon copa para celebrar. Y pon copa a la bella Lola y a la turbadora Ricchi. Y ponte copa tu, luz y guía de los taberneros
-¿Y dime, poeta, quién paga?
-¡Yo pago! - la voz llegó desde la mesa del fondo a la derecha, la oficina de D. Próspero, el comerciante más rico del barrio y alrededores, el hombre que comenzó vendiendo chuches en un kiosko cedido por el Ayuntamiento -"mi hermano el concejal de comercio no ha tenido nada que ver", repetía- y ahora es dueño de cinco micros-macros, que son como un macro mercado pero en micro. Cosas del marketing.
-Así sea. ¡Lola, a trabajar!
-¿Eso es que seguimos, jefe?
-Seguimos, Lola, con cambios pero seguimos.
-¿Cambios, jefe?
-Recortes, joven. Y desde ya.
Clic, clic, clic, Jota apagó algunas luces; criiic, bajó la calefacción y, cloc, giró la llave del armario de las bebidas caras. Lola palideció.
-Jefe, ¿peligra mi trabajo?
-No pierdas clientes y todos tendremos trabajo
-¿Y mi sueldo?
-Ve poniendo un letrerito bien grande donde se lea "BOTE"
Margarita Ricchi, enfundada en una falda negra y subida en unos zapatos de tacón de aguja se acerco hasta Jota con un Martini Hemingwy en una mano y el móvil en la otra
-Son los de Fomento de Bares Indecisos, Jota -y le alargó el teléfono
-¿FBI? soy Jota. Devuélvame la gramola y quédense con todo lo demás, hemos decidido continuar con el negocio.

Margarita avanzó un paso hasta rozar su cuerpo con el de Jota y acercar sus labios a la cara del espía metido a tabernero.
-Así se hace, jefe. ¡Con un par!
Y Jota creyó lo que no era.
N del A: Es cierto que Jota y yo nos conocemos. Solemos coincidir en un bar cercano a la Iglesias los días de bodas o funerales. Es nuestro refugio, es donde hacemos como que..
