viernes, 28 de enero de 2011

Naco no se fue a la guerra

He hablado con Naco. Mi gato

El pobre está hecho un lío. Le tengo dicho que no vea tanto el telediario y que se dedique a `gatunear´ como los gatos normales, pero nada, él piensa que por ser un gato interno ha de hacer lo mismo que los humanos, flagelarse como un masoquista gilipollas.

-Jefe -siempre me llama jefe, yo creo que es de coña- si los humanos estáis hasta las cejas por culpa de la crisis, ¿por qué os pasáis el día hablando de cobrar sin trabajar?
-Nadie habla de eso, Naco. De lo que hablamos es de poder trabajar, de poder cobrar y de descansar cuando seamos mayores
-A ver si lo entiendo. El jefe ese que tenéis, el que abuchean cada vez que sale a la calle a tomar el aire, dice que cuando lleguéis a cierta edad dejareis de trabajar y continuaréis cobrando como si nada. Otros jefes que son jefes de unos que van en grupo gritando, dicen que nanai, que se empezará a no trabajar con sueldo antes de lo que dice el primer jefe...
-Vale, gato. Estás hablando de las pensiones, de la jubilación, y para eso hemos estado cotizando, pagando, durante muchos años. Tema candente sobre el que se ha llegado a un acuerdo.
-Pues yo pensaba que el tema candente es trabajar. Porque a ver, jefe, se están peleando por cuándo comienza la holganza remunerada y lo que yo veo es gente que está hasta los mismísimos de no hacer nada.
-No lo entiendes, Naco, no lo entiendes.
-Lo que entiendo es que están discutiendo si la época ociosa empieza a los 65 o a los 67 años, cuando hay humanos que lo que quieren es trabajar a los 45, 55 o 25. No os entiendo, de verdad, no os entiendo, os pasáis la vida discutiendo sobre cuándo dejáis de trabajar y no de cuándo podéis empezar a currar.



Mi gato Naco es un cínico. Está bien alimentado, duerme todo el día y se permite afear la bien ganada jubilación...pero es un gato. 
Conozco a muchos humanos que les trae al pairo si han de cotizar 38, 38 y medio o 40 años. Saben que no van a llegar porque no tienen trabajo y sí muchos años; o pocos, de cotización. Ven esta discusión como un asunto de funcionarios con la plaza fija. No va con ellos, están en otra guerra, en la de la supervivencia.

lunes, 24 de enero de 2011

Goran y la leyenda del español indomable

-¡Dios, qué frío!
-Es lo que hay, Don Jota. Si quieres echar un cigarrito tiene que ser con la sana compañía de la ola de frío venida del norte.
-Vale, vale, Lola, me hago cargo. Cámbiame el gintonic por un frenadol, anda.

Somos varios los afectados por la prohibición; el que más, Thomas Garrafón, el dueño del Búho Bizco. El interior de local está vacío, salvo por la presencia de Lola, retén de guardia en la barra, y de su novio, un tipo grande y sanote que solo bebe agua mineral sin gas a temperatura ambiente. Los demás nos quedamos en el exterior, donde Garrafón ha instalado unas estufas altas que rodeamos como si de una fogata en el campo se tratara. La situación tenía su gracia; hacemos nuevas amistades, contamos chistes  y se intenta ligar mientras vigilamos de reojo la esquina por si llegan los grises y hay que correr calle arriba. 



En esas estábamos cuando llegó Goran. Aparcó su BMW negro a la puerta del Búho y bajó envuelto en un abrigo negro y largo hasta los tobillos con cuello de piel de conejo  y tocado con un sombrero negro de ala con una cinta blanca. Vino hacia mi y me abrazó como un oso.

-Amigo Don Jota, ¡qué grande alegría verte cumplir con leyes represivas! En mi país serias jefe de una brigada chivata.
-Pero bueno, ¿tú qué haces aquí?
-Ay, Don Jota, que unos civiles con chaleco fosforescente han entrado en mis locales y les han puesto precinto para que no haga negocios con el humo y las carnes.
-Vamos, que te han pillado.
-Sí, Don Jota, ahora sólo me quedan los locales clandestinos y los que he ido abriendo en Marruecos. Cosa fina, por cierto.
-Pero hombre, Goran. Las leyes están para cumplirlas, nos gusten o no nos gusten.
-¡De verdad, Don Jota, no sé de dónde ha salido la leyenda de los españoles indomables y rebeldes si no osáis soltar un taco sin permiso de los curas!

Apagamos el cigarro y entramos al Búho Bizco. Lola tenía las manos apoyadas en la gramola y le daba golpecitos mientra la miraba fijamente.

-¿Qué pasa, Lola?
-No lo sé, Jota. He puesto una vieja canción de Jarcha pero solo repite un estribillo

Pero yo sólo he visto gente
muy obediente, hasta en la cama
gente que tan sólo pide
vivir su vida, sin más mentiras y en paz...



jueves, 20 de enero de 2011

Lunas de Goran

Fue una noche como ésta. Lo he recuperado del `Baúl de los Post´. Me pasa cada noche como ésta.

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Luna (del Baúl de los Post)

Ayer la vi. Anoche. La luna; blanca, grande, redonda, poderosa. La luna llena. Y sonreí.
Las largas noches de invierno tienen su recompensa, me consolé: hay más luna, más tiempo de luna. Lo confieso, puede ser cosa de la vida misma pero lo confieso: la luna llena me estimula, me mete directo en vena un chute de vida...¡pero dura tan poco la luna llena...!

Hoy la he buscado. He mirado el horizonte, justo por donde se asomó ayer; he oteado el cielo, he escudriñado entre las ramas de los arboles, me he dejado la vista fijándome en los picachos de las montañas, he cruzado las calles buscando un hueco entre los edificios...y no la he visto.

¡Las malditas nubes!



Sea como sea, reciba usted un abrazo de su amigo Goran, Don Jota.


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Sí, en realidad me he limitado a trascribir una nota de Goran, mi amigo albano-kosovar. También los gangster tiene sus momentos sensibles; como mi amigo, que tiene su corazoncito de mafioso blando que se acelera con la brisa del mar costasoleño y de una luna, llena de recuerdos, suspendida en la melancolía . 

Igual le encargué algo, es posible.

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miércoles, 19 de enero de 2011

In memoriam

                    

En  la Playa de San Juan, Alicante, y por orden de algún político mustio y aburrido, se han demolidos los chiringutos. Ser van a construir unos nuevos chiringutos que -¡ojo a esto!-  han de guardar...¡uniformidad!

Es la España de diseño donde pronto iremos todos con camisa de cuello mao. Todos de uniforme.


¡Ni un así fuera del sitio!

martes, 18 de enero de 2011

El anónimo

Tengo un anónimo. Algo soso, pero mira, por ahí se empieza. No le gustó un post de mi blog, y yo tan contento: lo leyó. Lamento no saber quién es el crítico para agradecérselo. Claro que si lo supiera no sería un anónimo y no me hubiera llamado la atención, porque razón tiene. Una de esas paradojas.


Este anónimo mio es inofensivo, se limita a constatar una obviedad, que mi historia ni fu ni fa. Vale, lo sabía; pero no todos los desconocidos son igual de inocuos. En ésta España de envidias y malicias es costumbre muy arraigada el anonimato, bien para delatar, bien para denigrar. Son los acusicas de nuestra niñez, los que iban corriendo al profe a contarle lo malo que es Manolito. En la adolescencia, otra fase, el anonimato se utilizaba para declarar amores imposibles, para enmascarar la timidez del acné y para fantasear con una carta anónima que responde a la nuestra. Pero, ay, en el mundo de los adultos el anonimato ya no disimula la timidez, oculta la cobardía. O la frustración. O ambos. La perfección del anonimato acollonador se ha alcanzado con motivo de la prohibición: se ha creado una plataforma, de la mano de Facua, para recoger el dedo acusador y anónimo que señala a los fumadores disidentes. ¡Lo qué nos gusta!

Les confieso que el tsunami de anónimos que pululan por Internet me ayuda a filtrara mis lecturas. Los obvio, salvo a mi anónimo, claro, que es como de la familia. No me refiero sólo a los comentarios de los blogs, que es donde menos acostumbran, sino a los comentarios de las noticias en los periódicos online. Detrás de ellos, normalmente, no hay nada de interés, ni un ápice de inteligencia o de talento. Es una pérdida de tiempo, olvídenlos. O no, hagan lo que quieran. Echo de menos los tiempos en que te pedían nombre, apellidos y  DNI para dirigirte al director del periódico, no como ahora, que oye, cualquier indocumentado le da al  `intro´ y deja una estupidez para los siglos en cualquier sitio de Internet; escondidos, claro.

Cosa bien distinta son los seudónimos. Con larga tradición en España, se trata de un cambio de nombre, de un alias, de una identidad ad hoc para  transitar por Internet, o por donde quieran. Los seudónimos tienen personalidad propia,se sabe qué piensan, cómo escriben, sus fobias y sus filias. Existen, son reales; se puede dialogar, discutir, coincidir o discrepar con ellos.

Con los anónimos, no. Los anónimos son fantasmas que deambulan sin rumbo; son un instante perdido, una anécdota sin sal ni pimienta.

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lunes, 17 de enero de 2011

Un domingo por la tarde en Urgencias

¿Han visitado las Urgencias de un hospital un domingo por la tarde? Yo sí, ayer. La cosa era urgente pero no grave; de ahí que me entretuviera observando, sin pudor alguno, el desfile de familiares y amigos de los `urgentados´.

¡Tela!

Mucha tela, de chándal. Mucho chándal, sobretodo en los hombres. Todos parecen arrancados del tartán, es como estar en los vestuarios de la ciudad olímpica. Aún no entiendo por qué nos birlaron las olimpiadas. Con la afición que hay. Igual se fijaron en las zapatillas, eso será; y eso nos hundió. Las zapatillas, aclaro, son a cuadros. Y de felpa. De las de "andar por casa".

Agudizo el oído por si alguna frase perdida me aclara el misterio. "Pos yo estaba tan ricamente en el sofá, con mi cafelito y mis últimos turrones cuando..." dice uno. Otro: "lo mio es mas gordo; estaba echándole el ojo a la parienta para rematar hoy domingo lo que el sábado sabadete no pude y va y se me pone mala".

Lo que me abrió los ojos: "Yesque los domingos son para pasarlos en chándal, desparramados en el sofá delante de la tele, no para tener un dolor de apéndice".

Es lo que tienen las urgencias, que te vas con lo puesto.


Ejemplo de lo que no se ve en Urgencias un domingo por la tarde.



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