miércoles, 23 de mayo de 2012

La sorprendente visita de D. Fortunato Aprovecha del Cargo (y, de momento, III)

(Capítulo anterior, de los motivos de la visita al Búho Bizco de D. Fortunato)
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Reconozco que estaba desconcertado. La historia era demasiado enrevesada para ser la tapadera una mera cita clandestina. No sabía qué decir y necesitaba un trago. Para no alejarme del escenario llamé a Lola con el móvil y le pedí un par de wiskys. 

-El caso es que Jacinta, ese es su nombre, me ha llamado hace una par de hora y me ha citado en El Búho Bizco. Según me ha dicho lleva algún tiempo en la ciudad esperando el momento. Y por lo visto es ahora.
-Joderrrrr -no me salio otra cosa-. Y dime, ¿cómo os vais a reconocer?
-Entrará en le Búho y te pedirá un libro de Benito Pérez Galdós,ya sabes, el autor de Fortunata y Jacinta.
-Muy ocurrentes, ¿también se dedica a la política?. Bastaba con que me pidiera un orujo. Bueno, será mejor que me acerque a la barra por si llega. ¿De verdad que no sabes cómo es?
-Sólo sé está cerca de los cuarenta, y si se parece a su madre será morena y muy atractiva.
-Espero que no se parezca a ti.

Cuando me alejé de la `mesa invisible´ vi a todos los parroquianos puestos en fila con la espalda pegada a la barra esperando que les diera el parte.


-Sin novedad, señores. Y vayan apurando las copas que estamos cerrando.

Se revolvieron todos a un tiempo formando un corrillo y murmurando Dios sabe qué. Me metí detrás de la barra y llamé a Lola para pedirle que me ayudara a despejar la pista, cuando observé la puerta. Se abría despacio, muy despacio; se detuvo de golpe y asomó una cabeza con una larga melena. Una mujer. Goran, nervioso, salió a su encuentro

-¡Vaya sorpresa, Margarita! Precisamente estaba pensando en ti y preguntandime si no aceptarias...

Ricchi miró a Goran durante unos segundos y sin mediar palabra se encaminó hasta el extremo de la barra donde estábamos Lola y yo.

-Perdona, Jota, ¿tienes algún libro de Pérez Galdós?
-¿Tú...?


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Esilleviana, Señuelo de tus Palabras, quiere saber cómo será en encuentro de padre e hija y de qué hablarán. José Antonio, El Cofre del Chirri, quiere confirmar que la aparición de la hija maleará la política del alcalde. ¿Habrá algún cargo para su futuro yerno?

No descarten que les siga incordiando con la historia del alcalde y su hija, Margarita Ricchi, que de argentina, hija de un noble italiano, se ha tornado gallega hija de un alcalde expropietario de puticulbs. 

...

martes, 22 de mayo de 2012

La sorprendente visita de D. Fortunato Aprovecho del Cargo (II)


(En la primera parte, de cómo llegó el alcalde al Búho Bizco cuando Jota se disponía a cerrar la taberna.)
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La "mesa invisible", muy solicitada por las parejas en busca de intimidad, está colocada detrás de una gruesa columna, en una esquina del local. El alcalde también parecia necesitar discreción, de manera que fui personalmente a atenderle.


-Vaya sorpresa, Fortunato, ¿qué haces por aquí?
-¿Qué tal Jota, cómo te va?. Necesitaba un lugar discreto y me he acordado de ti. ¿Crees que me ha reconocido alguien?
-La camarera, pero eso no es problema. ¿Qué te trae por aquí?, no nos vemos, ¿desde cuándo, desde la última campaña electoral?
-Por nuestra vieja amistad, Búho, necesito que me eches una mano. Es un asunto delicado.

Conocí a Fortunato hace veinte años, en una de mis actuaciones como espia del Gobierno. ¡Qué tiempos aquellos en los que los espias eramos funcionarios y cobrábamos todos los meses!  Por aquella época Fortunato era dueño, por persona interpuesta, de una pequeña cadena de puticlubs de alto postín. Esto sólo lo sabíamos un reducidísimo número de personas, y nunca nadie lo hizo público. El silencio de las otras tres o cuatro personas que lo sabían le salio caro cuando se metió en política. El mio fue prácticamente gratis, únicamente le pedí, siendo ya alcalde, que acelerara los tramites para la apertura de mi despacho de espia privado.

-Tengo una cita
-¿Una mujer?
-Sí, pero no es lo que piensas -el alcalde inició un tenso silencio que duró unos interminables veinte segundos-... se trata de mi hija.
-¿Hija?. Sólo te conozco hijos, dos hijos y ninguna hija.
-Yo tampoco la conozco. Verás, antes de llegar a esta tierra estuve casado en mi Galicia natal. Era muy joven y el matrimonio no funcionó. Nos separamos, y al año siguiente, estando yo aquí, mi mujer murió. Lo que no sabía es que estaba embarazada cuando me dejó. 
-¿Y por qué piensas que es hija tuya?
-Pocos años después de la muerte de mi mujer me localizó el cura de mi aldea. Estaba al corriente de todo, me contó que mi mujer sabía que estaba embarazada cuando nos separamos, pero que no me lo quiso decir para que no la molestara. Fue ella quien me dejo. El cura tenía instrucciones de no desvelarme el secreto salvo que le ocurriera algo a ella. Al morir me buscó y me lo contó. Pero no podía ver a la niña, al menos hasta que se casara. Ese era su compromiso.
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En el piso de arriba, en lo de Plinio, el nota se hace cruces porque las intimidaciones -o cautelas- de hoy nos vienen de Cádiz, la liberal.

lunes, 21 de mayo de 2012

La sorprendente visita de D. Fortunato Aprovecho del Cargo (I)

Historia en tres actos y en primera persona. Así me lo contó Jota:

Eran las tres de la mañana y el Búho Bizco estaba de un animado que daba gozo verlo, como todos los viernes desde la llegada de la primavera. Además de las habituales mesas de parejas agotando el último suspiro de la noche, en la barra se habían reunido parte de los parroquianos habituales. Don Ángel, el cura, tomaba su copita de anís después de haber administrado la extremaunción a un moribundo del bloque vecino, "este hombre lo ha hecho bien Búho -la gente empezaba a llamarme Búho-, me ha requerido a mí antes que a los médicos. No sé si salvará su cuerpo pero el alma ya está curada". Estaba Don Severo, el maestro, con sus motivos, "¡qué dura es la vida del maestro, Búho!, fíjate a qué horas termino con las clases particulares". Don Próspero, el acaudalado comerciante, tenía cara de pocos amigos cuando me contaba que un vendedor de trajes de sky le había dejado plantado, "así es que no sé si meter la sección de nieve en las tiendas de la costa, Jota". Malaspulgas, un exraterillo de barrio, tenía el semblante serio y no articulaba palabra, y todo a cuenta de una bronca prematrimonial. "a ver si tú lo entiendes, Búho -estalló-. sólo le he preguntado si quería casarse conmigo, nada más. Pues no veas cómo se ha puesto, sobretodo cuando le he sugerido que, una vez casados, ponga el apartamento a nombre de los dos, de la unidad familiar, ya sabes...". Lola también estaba en el Búho, a pesar de haber terminado su turno hacía más de una hora. 






-¿Hoy no te vas, Lola?
-No tardaré mucho, jefe. El caso es que no estoy cansada y como he visto movimiento en el local he decidido quedarme, pero tranquilo que estas horas no las cobro.

Había estado observando a Lola y a Don Próspero en busca de miradas cómplices, pero, o lo llevaban muy discretamente o yo me equivocaba.
El reloj de pared marcaba las tres y cinco y me dispuse a apagar las luces que adornan la fachada del Búho para evitar que nuevos clientes se colaran a la hora del cierre. Pero justo en ese momento entró alguien al pub.

-Lola, hazme un favor, acércate al tipo que ha entrado y comprueba qué pinta trae. O mejor, directamente le dices que hemos cerrado.
-No puedo, jefe. ¿No ha visto quién es?. 
-Desde aquí no lo distingo -Lola no solo tiene ojos de gata, también la vista es de felino-, ¿quién es?
-Es Fortunato Aprovecho del Cargo
-¿El alcalde?
-El mismo. Y parece que se dirige a la "mesa invisible".

Continuará...

martes, 8 de mayo de 2012

Renovar con una boda

Entró al Búho Bizco. Era un tipo duro, de los que no usan espuma para afeitarse. ¡Un tequila!, y dígame quién es el jefe. Lola giró la cabeza señalando a Jota.


-¿Qué se le ofrece, caballero?
-Soy Austero Gutiérrez, el nuevo director del banco.
-¿Y Benigno?
-¡Dimitido! Ahora mando yo. ¡Nuevos tiempos!
-Encantado, D. Austero -balbuceó Jota ofreciéndole la mano
-Sólo quiero decirle que la renovación de su póliza ha sido denegada -el director del banco ignoró la mano de Jota y apuró el tequila de un trago
-Debe de haber un error, D. Austero, mi póliza vence dentro de diez meses. En realidad es una pequeña póliza de crédito que Benigno insistió en abrirme y que apenas he usado. Yo me financio de mi secretaria, la señorita Ricchi
-Eso es ahora, pero dentro de diez meses puede estar a malas con su secretaria y necesitar una renovación. Pues sepa que no es posible.
-Gracias. Son tres euros -y Jota se alejó de la barra para hablar con Margarita Ricchi sin despedirse del nuevo director.

Se sentó junto a la Ricchi. Ella lo miró: ¿algún problema, jefe? Jota la observaba en silencio, absorto, eligiendo cada una de las palabras que iba a pronunciar. Margarita -dijo al fin- ¿por un casual no te has imaginado casado conmigo dentro de diez meses?

La mujer se levantó en silencio y de dirigió a la barra, junto a Austero. Buen trabajo, Gutiérrez; has estado muy convincente. Y le dio un billete de cien euros.


(Plinio  ve así el asunto de lo bancos)


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domingo, 6 de mayo de 2012

Mamá

En la antigua Grecia ya se honraba a Rea, madre de dioses. Desde entonces es un no parar.


Según religión y latitud, se ha celebrado y se celebra el día de la madre en distintas fechas y con pretextos varios. El motivo de la fiesta, siempre el mismo: rendir homenaje a la madre que nos parió, y, por extensión, a la mujer en su condición de madre. Hoy, primer domingo de Mayo, nos toca galardonar a la nuestra. 



Dura prueba para los hijos: llamar a la madre antes de que ella te llame con cualquier escusa, como invitar a su nieta a comer "por ser es el día que es". O lo que es peor, que te llamé tu padre, "por si lo habías olvidado, ya sabes que le hace ilusión", con lo que arrastras todo el día un pesado cargo de conciencia que tu padre ni se imagina. Y aquí estoy, con el teléfono en la mano pensando si ya es buena hora o es demasiado temprano para un domingo. 



Yo voy a llamar y luego la visito.



Feliz día de la Madre. Y llamen, o mejor, visítenla si pueden. Y no me digan que a las madres se las quiere todos los días y que el día de la madre es cada día. Ya lo sé. Y qué, ¿tanto cuesta que hoy también lo sea? 





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miércoles, 2 de mayo de 2012

Subidón patriótico



¿Quién no ha tenido alguna vez un subidón patriotico? Jota los tiene cada dos de mayo. La calentura de este año ha venido vestida de época. Jota, con la complicidad de Lola, ha organizado un pub temático para conmemorar el dos de mayo. Todos vestidos de resistentes madrileños frente a los franceses; y jarras de vino como única bebida.


En estas estaban cuando entró Margarita Ricchi al Búho Bizco. Llegaba seria, jadeante y buscando a Jota con la mirada. Lo vio, se acercó y le entregó un sobre grande sin hacer ningún comentario. Jota buscó instintivamente el remite. Escueto:
Gobierno de España.

Sin mediar palabra agarró a Margarita por el brazo, y después de comprobar que la mesa de D. Próspero estaba libre caminaron presurosos hacia ella. Silencio en la taberna. Jota rasgó el sobre y extrajo un tarjetón, lo leyó sin mover un músculo y se lo pasó a su secretaria. Margarita enmudeció:

Querido Jota:
Te estoy escribiendo estas lineas por encargo de Mariano, quien, conocedor de nuestra vieja amistad, me ha encargado que te suplique ayuda. España te necesita, hermano.
Te supongo conocedor de la acción bolivariana contra los intereses de una empresa española. El asunto no tendría mayor importancia si no viniese precedido por otro atentado gaucho de similares características. Es necesario romper esta cadena endiablada que nos está dejando con el culo al aire, con perdón.
Apelando a nuestra inmemorial amistad y a tu probado patriotismo, te ruego actives tu oficina de espía privado, aunque solo sea para este desagradable asunto. Tu ausencia, amigo Jota, nos ha debilitado y es el momento de reaccionar. ¡Por España!

Recibe un fuerte abrazo de tu leal amigo, 
José María Aznar.

Jota, sin perder un momento, le hizo una señal previamente convenida a Lola. La camarera ya sabía que tenia que servirles un gintonic para su jefe y un Martini Hemingway para Margarita Ricchi. Tocaba reunión de espías. 

Goran, a requerimiento de Jota, se reunió con ellos en la mesa de D. Próspero. 
-Hay que trazar un plan  -dijo el jefe. 
-Yo puedo llamar a mis colegas de la mafia -intervino Goran orgulloso de no haber roto con sus contactos.
-Chicos, creo que tengo la solución -sentenció Margarita Ricchi con burlona sonrisa...

Clik-clik, comenzó a sonar la gramola




(Plinio, grande, traza una pincelada  con motivo del Dos de Mayo)


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