Hoy me he extendido, pero no lo puedo hacer por menos. Si gustan...
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El Búho Bizco es el pub de moda de mi calle.
El Búho tomó renombre la noche que me visitó
Goran Langeneke, un albanocosovar en transito a Marbella donde quería instalarse como
mafioso en la Costa del Sol. Era un buen tipo, traía ideas nuevas para un negocio que el
intrusismo profesional de los nativos había desnudado de glamour, misterio y decencia; "En tu país -me repetía-, no está bien mirado este trabajo; fíjese J, las familias principales prefieren ver a un hijo con sotana y birrete antes que con sombrero de fieltro
y
pipa"
No lo veía claro
Goran es frío y analítico, no es de los que se enciende con un simple piropo. Tan es así que ya echó el culo para atrás y reprimió sus ansias de meterse en la Costa del Sol para ir a
Sicilia, donde, pensó y se equivocó, hay más posibilidades. En la isla italiana, de nuevo, plegó velas; fue tras una
conversación de cortesía con los carabineri
-
Mr carabinieri, io vengo della Spagna y aquella fiesta está finito. E Marbella, grande terreno per a professionasto del bene, perla intrusione de nativi...
-Signore mafioso scusa, scusa; capisco il tuo entusiasmo per la vita in Siciloia, ma non e un criminales di piu. E completa. Se e posible, a turno.
Lo que viene a decir es que hay
overbooking en la isla y que si quiere, que coja turno. No quiso y se pasó por
El Búho Bizco.
Estaba un servidor tan ricamente frente al televisor viendo desfilara los `presuntos´ por las escaleras de los juzgados de Málaga, cuando recibí
un sms:
"Amigo J. Toy en ruta. Acepto me invites yintoni en Pájaro Tuerto.
Goran"
El cambio de nombre del pub lo achaqué a la asfixiante atmósfera en la que se han criado los albanokosovares, que los empuja a tomar todo tipo de precauciones.
Entré en el
Búho Bizco, levanté dos dedos a la altura de los ojos negros de
Lola, la hermosa camarera que llegó para reforzar el éxito del pub. Adivinó que le pedía dos gin tonics. Oteé el fondo de la barra -los mafiosos albanokosovares siempre se colocan al fondo de la barra- y allí estaba
Goran.
-¡Coño, Goran, qué alegrón!. ¿Qué te cuentas, te quedas por aquí?
-No, no. Voy de camino a Marbella.
La plaza ha cambiado.
-Pero si aquello está fatal, amigo mio. Han trincado a un montón de gente.
-Tú no sabes ni puta idea, ¿se dice así?, ahora, es ahora cuando
el territorio está libre, los precios de los locales son más menos caros y los clientes no tener suministros.
-Cuidado, Goran,
cuidado no te vayan a joder
-No joder a mi, yo ir para joder ellos, para eso quiero abrir
hogar de putas también.
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Gobernando Jesús Gil aparqué el coche sobre una acera amplia frente al hotel mientras me registraba. En cuestión de minutos llegaron un par de guardias que desde lo alto de unos hermosos y fornidos caballos, me advirtieron:
-En Marbella esto no se puede hacer, si no lo quita ya, nos llevamos el coche.
Le comenté al recepcionista lo controladísimo que está todo en la ciudad.
-No lo sabe usted bien -me contestó.
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